Con el deshielo aparecen ajos de oso, dientes de león y ortigas jóvenes. Las ensaladas mezclan amargos y dulces con aceite suave y un chorrito de vinagre de manzana local. Quesos frescos de cabra, cuajadas tiernas y rabanitos crujientes completan mesas luminosas. Una tostada con mantequilla batida y miel de acacia resume la estación: liviandad, chispa vegetal y ganas de caminar más lejos cada día.
Las vacas suben, la leche se vuelve generosa y los queseros trabajan al amanecer. Los mercados hierven de color: frambuesas, arándanos, pepinos encurtidos, panes oscuros y flores comestibles. En Bohinj celebran el regreso del ganado con música y bailes. Helados de miel, sopas frías de pepino y patata nueva con eneldo alivian tardes templadas. La mesa pide sombra, amigos y una jarra de limonada casera.
Otoño regala boletus, avellanas y castañas que perfuman cocinas de piedra. La polenta abraza ragús de venado, y la jota, con chucrut y alubias, calienta manos y voces. En invierno, panes de centeno, compotas oscuras y estofados de setas secas reúnen familias en torno a la estufa. Un vaso de vino caliente especiado y una charla larga bastan para atesorar la estación más lenta.
Mezcla harina, huevo, agua tibia y una pizca de sal hasta lograr masa suave. Reposa cubierta. Estira fina, unta requesón con ralladura de limón y miel ligera, enrolla y cuece al vapor o en agua. Corta, baña con mantequilla avellana y migas crujientes. Si el requesón es más húmedo, añade sémola. Sirve con una compota rápida de arándanos, y cuéntanos si prefieres versión salada con hierbas.
Seca bien la trucha, sala con moderación y espolvorea harina de alforfón para una corteza amable. Dora en mantequilla y aceite, añade eneldo y rodajas de limón. Desglasa con un chorrito de vino blanco local. Acompaña con patatas nuevas y ensalada de hojas amargas. Si tienes miel de castaño, una gota en la salsa equilibra el amargor. Comparte tu punto preferido y trucos para piel crujiente.
Tuesta ligeramente harina de alforfón, mezcla con patata caliente prensada, yema, pizca de nuez moscada y sal. Forma cilindros, corta y cuece hasta que floten. Saltea con mantequilla y hojas de salvia hasta dorar. Termina con queso curado rallado y pimienta negra. Si quieres más ligereza, combina con harina de trigo sarraceno clara molida a piedra. Sirve con setas salteadas y guarda parte en el congelador.
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